En la Patagonia existe un glaciar que no desaparece.
No porque esté inmóvil.
Sino precisamente porque se mueve.
El glaciar Perito Moreno avanza lentamente hacia el lago.
Cada día empuja su masa de hielo hacia adelante.
Pero al mismo tiempo se fractura.
Se desprende.
Retrocede.
Lo que gana por un lado
lo pierde por otro.
Y en esa tensión constante se mantiene.
No es rigidez.
No es lentitud.
No es quietud.
Es equilibrio en movimiento.
El glaciar no se conserva porque se aferre a su forma.
Se conserva porque sabe avanzar lo suficiente para existir
y ceder lo suficiente para no colapsar.En ese movimiento se sostiene.
Cuando observé ese fenómeno entendí algo que también ocurre en la conciencia humana.
El orden verdadero no es inmovilidad.
El orden verdadero es tensión sostenida con conciencia.Sin embargo, el mundo moderno olvidó ese principio.
- Confundimos equilibrio con pasividad.
- Confundimos velocidad con progreso.
- Confundimos intensidad con verdad.
Y cuando uno de los extremos domina, el centro desaparece.
Entonces la conciencia deja de pensar
y comienza simplemente a reaccionar.
El glaciar nos recuerda algo esencial:
El equilibrio no elimina la tensión.
La sostiene.
Y quizá el pensamiento humano debería aprender nuevamente esa lección.
- No ser rígido.
- No ser caótico.
Sino mantenerse en ese punto donde la fuerza avanza
sin perder el equilibrio que la sostiene.
Ese punto es el Centro.
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