Las desviación por permisividad

La permisividad no es inocente

El problema no es la fuerza del mal...
es la permisividad del bien desalineado.

Recuerdo que mi papá decía que la ignorancia podía ser peor que la propia maldad. No porque la maldad no destruya, sino porque la ignorancia puede hacerlo sin darse cuenta, convencida incluso de que está haciendo lo correcto.

Esa idea, en su momento, parecía una observación sencilla, pero con el tiempo comenzó a tomar otra dimensión.

Porque, con el tiempo entendí que hay personas que, desde la ignorancia, pueden hacer cosas buenas…pero también pueden provocar daños profundos sin intención.

No porque quieran quebrar algo, sino porque no alcanzan a ver dónde comienza el límite.

Y ahí es donde la realidad se vuelve más compleja,

porque el daño no siempre viene acompañado

de una intención clara de destruir.


Una exploración del poder desde la memoria, la historia y la consciencia.


Con el tiempo entendi que…

Es como la zorra que entra en la viña.

No entra con maldad. No entra con un plan de arrasar. Entra porque ve alimento. Su naturaleza la impulsa a alimentarse, a sobrevivir.

No pide permiso, no mide consecuencias,

no analiza el daño.

Pero si la viña no está protegida,

si no hay un límite claro, lo que para ella es sustento, para el sistema (en este caso el agricultor ) es pérdida.

Y entonces el problema deja de ser la zorra… y comienza a ser la permisividad de la viña.

Con el tiempo, esa idea no se quedó en lo natural

Comencé a verla repetirse en la historia, en estructuras más complejas, en decisiones que ya no nacen solo de la ignorancia, sino de algo más profundo.

Porque llega un punto donde el hombre no solo actúa sin entender…. sino que comienza a permitir aquello que ya ha visto que lo desvía.

Ahí es donde la desviación cambia de naturaleza.

Ya no es simplemente progresiva.
Se vuelve permisiva.

A lo largo de la historia,

esto se manifiesta de distintas formas. Babilonia es uno de esos momentos donde la capacidad humana alcanza un nivel alto, pero la dirección comienza a distorsionarse.

El hombre ya no construye desde su alineación con el origen, sino desde su deseo de alcanzar por sí mismo lo que antes le era dado.

En la torre de Babel descubrí que no revela debilidad, sino una voluntad que ha decidido operar sin referencia al eje que la sostenía.


Imagen en Ponce Puerto Rico para la agencia Vily Rentas TMVR

El hombre no cayó por debilidad…

sino por permitir

lo que sabia que lo desviaba

Malvin El Poeta


Esa decisión no siempre se impone por la fuerza.

Muchas veces se sostiene porque no se detiene.

Porque lo que comienza como una desviación no encuentra corrección, sino continuidad. Y así, lo que pudo haberse ajustado en su inicio, termina consolidándose como estructura.

Los imperios perfeccionan ese patrón.

  • Babilonia.
  • Persia.
  • Grecia.
  • Roma.

Cada uno eleva el nivel de organización, de dominio, de sofisticación. La forma se fortalece, se vuelve más eficiente, más difícil de cuestionar.

Pero mientras la forma crece, el centro se debilita. Y cuando la estructura logra sostenerse por sí misma, incluso sin estar alineada, la desviación deja de percibirse como un problema.

Se normaliza. Se justifica. Se convierte en sistema.

Sin embargo,

hay momentos donde la desviación deja de depender de la ignorancia o de la fuerza. Se vuelve más precisa, más estratégica.

Ahí es donde Balaam comienza a tener sentido…

Balaam no llega destruyendo directamente, sino introduciendo una enseñanza. El no puede maldecir al pueblo, pero enseña cómo provocar su caída.

Ese principio es profundo, porque revela que no toda destrucción viene desde afuera.

A veces

se siembra una dinámica que permite que el sistema se desordene desde dentro. Y en ese punto, el problema ya no es la amenaza externa, sino la apertura interna.

Y no es que el sistema sea derribado….
es que comienza a ceder.

Y todo sistema,

tarde o temprano, es confrontado con su propio peso.


Explora en manifiestos la linea de desviación progresiva.


La imagen de la balanza aparece como una consecuencia inevitable.

“Has sido pesado y hallado falto.”

No se evalúa la magnitud de lo construido, sino la coherencia de su fundamento.

No se mide cuánto se logró, sino desde dónde se logró.

Ahí se revela la verdadera desviación.

Durante siglos hemos alcanzado niveles de capacidad nunca antes vistos. Podemos construir, transformar, expandirnos...

pero no siempre se tiene la claridad necesaria para sostener lo que crea.

Y cuando esa claridad falta, lo construido termina convirtiéndose en el espacio donde nos perdemos.

Por eso,

el problema nunca ha sido la capacidad de construir. El problema ha sido olvidar desde dónde se construye.

Y en ese olvido, no todo se pierde por ignorancia.

Muchas cosas se pierden…
porque, aun siendo visibles, fueron permitidas.

Por eso papí no se equivocaba… y cito:

La ignorancia puede hacer daño sin saberlo…
pero la permisividad lo sostiene sabiendo.

Y cuando lo que desvía deja de ser detenido,
el sistema no cae por ataque...

cae por consentimiento.


— Malvin El Poeta

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