Entre guerras, descubrimientos arqueológicos, cambios climáticos y mercados inestables, surge una pregunta que atraviesa toda civilización:
¿existe todavía un eje desde el cual interpretar el mundo?
Hoy amaneció en la Florida Central a 65 grados.
El viento soplaba un poco más fuerte que ayer, y por momentos la sensación era más fría.
Hay mañanas en las que el clima parece invitar al silencio. No al silencio vacío, sino al silencio que permite observar.
A veces ese momento llega antes del café.
Otras veces llega cuando abrimos el teléfono y vemos las primeras noticias del día.
Porque el mundo nunca se detiene.

Esta mañana las noticias parecían venir de direcciones completamente distintas.
Un avión militar estadounidense se estrelló en Irak, dejando varias víctimas entre la tripulación.
Mientras tanto, arqueólogos anunciaban algo que parecía salir directamente de los libros de historia: El posible descubrimiento. de una ciudad vinculada nada mas y nada menos que una alejandria tigris ciudad perdida alejandro magno reaparece tras llevar siglos.
Al mismo tiempo, científicos advertían sobre un domo de calor récord que podría afectar el oeste de Estados Unidos, incluso antes de que la primavera haya comenzado.
Y en los mercados financieros, analistas hablaban de otra semana de volatilidad, reflejo de un mundo económico que todavía busca equilibrio.

A primera vista, estas noticias parecen desconectadas.
- Conflicto militar.
- Descubrimiento histórico.
- Cambios climáticos.
- Mercados inestables.
Pero cuando uno las observa con atención, aparece algo más profundo.
Todas parecen señales de un mismo fenómeno:
una humanidad moviéndose en muchas direcciones al mismo tiempo.
Tecnología que avanza a velocidades extraordinarias.
Civilización antiguas que resurgen desde el polvo de la historia.
Equilibrios naturales que comienzan a transformarse.
Estructuras políticas que todavía responden a viejos patrones de poder.
En medio de ese movimiento constante surge una pregunta inevitable:
¿existe todavía un eje?
¿Existe un punto desde el cual interpretar el ruido del mundo sin quedar atrapado dentro de él?
Hace algunos años escribí un libro titulado Tumbas que no Existen que no existen: los tres poderes y la imposibilidad del dominio absoluto.

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En ese libro utilicé tres figuras históricas como símbolos.
- Moisés representaba la ley.
- Alejandro Magno representaba la expansión del poder territorial.
- Cleopatra representaba la fuerza de la imagen y la influencia cultural.
Tres formas diferentes de poder.
Tres maneras en que la humanidad ha intentado organizar el mundo.
Y, sin embargo, ninguna de ellas logró dominarlo por completo.
- Los imperios pasan.
- Las ciudades desaparecen.
- Las civilizaciones se transforman.
Por eso resulta fascinante que, dos mil años después, arqueólogos todavía sigan encontrando ciudades vinculadas a Alejandro Magno.
La historia no desaparece.
Permanece enterrada, esperando a ser redescubierta.
Tal vez ese sea uno de los recordatorios más poderosos que nos ofrecen las noticias cuando se observan con calma:
el mundo cambia constantemente, pero las preguntas fundamentales permanecen.
- ¿Cómo se equilibra el poder?
- ¿Cómo se organiza la civilización?
- ¿Cómo se orienta la humanidad cuando todo parece moverse al mismo tiempo?
Ahí es donde aparece algo que considero cada vez más necesario:
un centro consciente.
No un centro rígido.
No una ideología cerrada.
Sino un punto de equilibrio desde el cual podamos observar la complejidad del mundo sin perder claridad.
Porque el verdadero peligro para una civilización no siempre es el conflicto.
A veces el peligro es otro.
Es cuando el movimiento continúa…
pero el eje desaparece.
Y cuando eso ocurre, incluso las sociedades más avanzadas pueden comenzar a girar sin dirección.
Por eso, quizás, cada mañana debería comenzar igual.
Observando.
Escuchando.
Y recordando que, en medio del ruido global, siempre vale la pena buscar ese lugar desde donde pensar el mundo con conciencia.
Ese lugar que algunos llaman equilibrio.
Y que yo prefiero llamar:
el centro consciente.
– Malvin El Poeta
Universo del Centro

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