Ley, poder y el limite que hemos dejado de sostener
Filosofía en movimiento
¿La ley sigue siendo un límite que nos ordena a todos;
o se ha convertido en un instrumento que alguien aprendió a usar mejor que los demás?
Hay algo que me viene incomodando desde hace tiempo….
y no nace de los libros,
aunque los libros lo confirman.
Nace de lo que me ha tocado ver.
He observado democracias de cerca. Las he mirado funcionar, hablar en nombre del pueblo, sostenerse sobre la idea de representación…
y, sin embargo,
en ciertos momentos, lo que se siente no es diálogo.
Se siente imposición.
Y ahí es donde algo no cuadra.
Porque si la democracia es el gobierno del pueblo, para el pueblo:
¿por qué en algunos puntos comienza a sentirse como una tiranía que no se nombra como tal?
No es una contradicción superficial.
Más bien una grieta.
Con el tiempo entendí que el problema no siempre está en la forma del sistema, sino en cómo se habita.
La democracia no necesita ser destruida para deformarse.
Basta con que la ley deje de ser un límite; y comience a ser utilizada.
Y eso no es nuevo.
Lo estoy viendo ahora mismo mientras avanzo en La República.
Antes de que Platón hable directamente de sistemas políticos, me coloca frente a algo más esencial: la disputa por la ley.
- Polemarco la entiende desde la lealtad.
- Trasímaco la reduce al interés del más fuerte.
- Sócrates no propone otra forma de poder, propone conciencia.
Lo que está en juego ahí no es una definición académica de justicia.
Es quién logra sostener la ley sin convertirla en extensión de sí mismo.
Y cuando traigo eso al presente,
la imagen se vuelve más clara y más incómoda.
Porque hoy no hace falta romper la democracia para dominarla.
Se puede habitar desde adentro.
Se puede moldear la ley, interpretarla, empujarla….
hasta que responda no al equilibrio de la sociedad, sino al criterio de quien la maneja.
Y entonces todo sigue funcionando en apariencia.
Se vota.
Se legitima.
Se firma bajo el nombre del pueblo.
Pero la estructura ya no es la misma.
Ahí es donde entra algo que he venido desarrollando hace tiempo: el eje de la ley, el territorio y la imagen.
Moisés recibió la ley….
pero no le pertenecía. Era un peso para dirigir un pueblo, no un instrumento para afirmarse. Y aun así, en el momento en que la toca desde sí, no entra en la tierra prometida.
No porque falló como líder; sino porque la ley no admite apropiación.
Alejandro expandió el territorio,
hasta donde ningún otro había llegado…. pero no pudo transferir ese poder. No encontró a nadie que pudiera sostenerlo sin romperlo.
Y al final, lo que no se puede sostener; se fragmenta.
Cleopatra encarnó la imagen
al punto de convertirla en poder real. No necesitaba dominar ejércitos; dominaba la percepción. Y Roma entendió algo que muchos pasan por alto: una imagen puede gobernar más que una ley. Por eso la desaparece.
- Tres momentos distintos.
- Tres formas de poder.
- Un mismo problema.
El poder nunca fue para ser poseído.
Fue para ser sostenido.
Y cuando se olvida eso, la deformación comienza.
Hoy esa deformación no siempre viene desde un rey o un imperio.
A veces viene desde sistemas que siguen llamándose democráticos.
Pero el error más profundo no está solo en el que gobierna.
Está en el que entrega.
Porque hemos comenzado a depositar fe donde debería haber vigilancia.
Se cree en el gobierno
como si fuera una entidad que debe cuidar…. cuando en realidad debe ser observado, analizado, incluso juzgado.
El pueblo sigue siendo llamado soberano.
Pero la soberanía no es un título; es una función.
Y cuando esa función se abandona, la ley queda expuesta.
Y una ley expuesta; siempre será tomada por alguien.
Por eso la pregunta ya no es si vivimos en democracia o no.
La pregunta es más incómoda y más real:
¿La ley sigue siendo un límite que nos ordena a todos...
o se ha convertido en un instrumento que alguien aprendió a usar mejor que los demás?
Ahí es donde me coloco.
No en la negación de la democracia pero tampoco en su fe ciega.
Sino en el Centro.
Donde la ley no se idolatra, pero tampoco se entrega.
Donde el poder no se posee, se sostiene…. o se pierde.
– Malvin El Poeta
El Universo del Centro

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