J. J. Barea, el árbitro sin dieta y la institución que administra la medalla producida desde abajo

Un padre y un joven atleta caminan hacia una cancha comunitaria cargando el balón, la nevera, las sillas y el equipo necesario para entrenar. La imagen representa la redundancia deportiva obligada: la familia construye alrededor del atleta la estructura que las instituciones no siempre consiguen garantizar.

Axioma:

La cancha que no mejoró en treinta años

Escuché a José Juan Barea hablar sobre las canchas donde actualmente practican nuestros niños y jóvenes.

No hablaba solamente como campeón de la NBA, integrante histórico de la selección nacional o figura reconocida del deporte puertorriqueño. Hablaba también como padre de hijos que participan en baloncesto y voleibol.

Barea dijo algo que debe estremecer a todo Puerto Rico: hace aproximadamente treinta años, cuando él jugaba en la isla, las canchas no estaban como muchas se encuentran ahora.

  • Canastos virados.
  • Tableros dañados.
  • Superficies peligrosas.

Instalaciones iguales o peores que las utilizadas por una generación anterior.

Barea no regresó únicamente para señalar el deterioro. Creó JUMP, una instalación privada que integra canchas, entrenamiento, alojamiento, recuperación y programas deportivos. También lleva años restaurando canchas mediante su fundación.

La aportación es extraordinaria. Pero también revela una ausencia.

Un atleta que se desarrolló representando a Puerto Rico tuvo que regresar con conocimiento, prestigio y capital privado para construir parte de la infraestructura que el sistema público no consiguió mantener ni actualizar.

Máxima:

El servido que produce la medalla

El atleta no existe porque apareció la federación.

El niño no comenzó a lanzar una pelota porque existiera el Departamento de Recreación y Deportes. El DRD existe porque la comunidad necesita condiciones para que ese niño pueda practicar, desarrollarse y competir con seguridad.

El atleta precede al servidor como finalidad.

Sin atletas no existen federaciones, delegaciones, viajes oficiales, presupuestos deportivos, transmisiones, ceremonias, banderas ni medallas. Sin embargo, el atleta que produce todo ese valor ocupa la posición más frágil de la estructura.

Cuando gana, aparecen todos.

Pero cuando el atleta necesita equipo, tratamiento, entrenamiento, transportación o una competencia fuera de Puerto Rico, muchas veces el costo regresa a él y a su familia.

La institución colectiviza el triunfo, pero privatiza el sacrificio.

Máxima:

El árbitro que tenía que pagar por servir

Yo conocí esa arquitectura desde adentro.

Fui árbitro nacional de boxeo bajo el sistema de la AIBA. Trabajé en copas yaucanas, copas olímpicas, torneos nacionales y eventos celebrados alrededor de Puerto Rico. Mi expediente llegó aproximadamente a 1,175 combates entre peleas arbitradas y evaluadas como juez.

También presidí la Asociación de Jueces y Árbitros de la región sur.

Durante aquel tiempo, los árbitros trabajábamos gratuitamente. Salíamos de nuestras casas, utilizábamos nuestros vehículos, comprábamos gasolina, buscábamos comida y entregábamos días completos para que otros pudieran organizar el evento.

Pero el sistema había convertido en honor la obligación de que el árbitro pagara por servirle.

Cuando comencé a impulsar una dieta para cubrir gasolina y alimentación, encontré oposición incluso entre algunos de los propios árbitros. Algunos entendían que nuestro orgullo consistía precisamente en trabajar gratis por los boxeadores.

Finalmente, la dieta fue aprobada. Desde entonces, cuando me convocaban a determinados eventos, podía recibir una cantidad para cubrir parte de los gastos.

No estábamos intentando enriquecernos. Estábamos reconociendo que el servidor también es humano y que una institución no debe sostenerse indefinidamente mediante el sacrificio silencioso de quienes hacen posible su funcionamiento.

Máxima: La explotación alcanza su forma más estable cuando el servidor sacrificado comienza a llamar honor a la necesidad institucional de no compensarlo.

También observé cómo los jueces y árbitros de mayor antigüedad conservaban las oportunidades de viajar a competencias internacionales. Los demás podían crecer, prepararse y acumular experiencia, pero la transición dependía muchas veces de que quienes ocupaban las posiciones superiores decidieran retirarse.

La experiencia, que debía producir relevo, podía transformarse en una barrera contra el relevo.

Máxima:

La redundancia deportiva obligada

En el sistema eléctrico, la familia compra una planta. En el sistema de agua, compra una cisterna.

En el deporte, compra uniformes, equipo, entrenadores, membresías, transportación, alojamiento, nutrición, terapias, recuperación e inscripciones.

A veces también compra la cancha.

El padre y la madre terminan construyendo alrededor del atleta una estructura paralela para sustituir aquello que el sistema deportivo no entregó.

No están comprando una ventaja extravagante. Muchas veces están comprando continuidad.

La familia con recursos puede pagar entrenamientos adicionales, competir fuera de Puerto Rico y atender rápidamente una lesión. La familia sin recursos depende de la cancha deteriorada, del entrenador voluntario y de las oportunidades que pueda concederle la organización correspondiente.

La desigualdad económica se transforma entonces en desigualdad de posibilidad atlética.

Máxima:

La elección que el atleta no decide

El Comité Olímpico de Puerto Rico posee autonomía para proteger el movimiento deportivo de la interferencia partidista. Esa autonomía es necesaria. Un gobernador, un legislador o un funcionario no debe escoger personalmente quién integra una delegación.

Sara Rosario preside el COPUR desde 2012. En 2024 fue reelecta para un cuarto término, que se extiende hasta 2028.

La continuidad no constituye por sí sola una irregularidad. El problema aparece cuando examinamos quién produce esa continuidad.

En septiembre de 2023, el Pleno del COPUR aprobó por 30 votos contra tres una enmienda para eliminar el límite de términos aplicable a la presidencia. Antes había existido un límite de dos términos, luego ampliado a tres. La nueva enmienda permitió que Rosario aspirara a un cuarto término.

No fue ella quien presentó individualmente la propuesta. La enmienda surgió y fue aprobada dentro del cuerpo institucional. Pero ella fue su beneficiaria directa y aceptó presentarse nuevamente.

En octubre de 2024, Rosario compareció sin oposición. Un delegado propuso que las candidaturas sin contrincante fueran aprobadas a viva voz, y así comenzó su cuarto término.

El proceso fue realizado dentro de las reglas del COPUR. Pero la legalidad interna no termina la pregunta filosófica.

Quienes eligen la dirección del organismo son principalmente los delegados de las federaciones, junto a representantes del interés público y una representación limitada de los atletas. Los deportistas que reciben las consecuencias de las decisiones no votan directamente por la presidencia.

Aquí aparece la legitimidad circular:

Y los atletas reciben los resultados de una estructura cuya continuidad no deciden directamente.

Máxima:

No toda candidatura única demuestra autocracia. Pero cuatro términos, la eliminación previa del límite y varias elecciones sin oposición obligan a preguntar si el sistema facilita la aparición de alternativas o solamente organiza la ratificación de quienes ya ocupan el poder.

Máxima:

La autonomía que perdió al atleta

El COPUR no puede ser dirigido mediante encuestas entre todos los deportistas. Las federaciones necesitan organización técnica, conocimiento especializado y estabilidad administrativa.

Pero la representación del atleta tampoco puede ser ornamental.

Si el atleta es la finalidad del sistema, debe poseer mecanismos efectivos para conocer los criterios, cuestionar decisiones, apelar ante un cuerpo independiente, examinar el uso de fondos y participar sustancialmente en la gobernanza de quienes lo representan.

La autonomía debe proteger al deporte de la captura política.

No puede proteger a la administración deportiva del escrutinio del atleta.

Máxima: La autonomía deja de proteger al deporte cuando comienza a proteger al administrador de la persona para quien administra.

La cancha delegada que nadie custodió completa

La fragmentación también aparece en las instalaciones.

Algunas pertenecen al DRD. Otras son administradas por los municipios, el Departamento de Educación, comunidades o entidades privadas.

Delegar no es necesariamente abandonar. Un municipio puede conocer mejor su comunidad y responder con mayor rapidez. Pero toda delegación necesita conservar una custodia común.

El propio DRD establece que su Secretaría Auxiliar de Infraestructura tiene la responsabilidad de brindar mantenimiento y mejoras permanentes a instalaciones recreativas y deportivas, transferir fondos a municipios y fiscalizar la ejecución de los proyectos.

Sin embargo, una auditoría de la Oficina del Contralor encontró que el Departamento no mantenía un inventario preciso de sus instalaciones. También señaló discrepancias en los registros, edificios abandonados, equipos deteriorados y falta de informes anuales sobre fondos destinados al desarrollo del atleta puertorriqueño de alto rendimiento.

Máxima:

Puerto Rico necesita un sistema público de custodia deportiva que permita conocer el propietario de cada instalación, la entidad encargada del mantenimiento, la fecha de su última inspección, las reparaciones pendientes, los fondos asignados y la persona responsable de responder.

No todas las canchas tienen que ser idénticas.

Pero todo niño tiene derecho a encontrar el mismo piso mínimo de seguridad.

La lesión que desapareció del expediente

No encontré una estadística pública centralizada que conecte las lesiones deportivas juveniles con las condiciones específicas de las instalaciones donde ocurrieron.

Sin ese registro, el sistema observa por separado una cancha rota, una rodilla lesionada y una carrera interrumpida.

Pero pueden ser el mismo acontecimiento.

La lesión queda dentro del cuerpo del atleta.

La cancha permanece deteriorada.

Y la institución continúa sin aprender porque nunca reunió ambas cosas dentro del mismo expediente.

Máxima: La lesión que no entra en la estadística desaparece para la institución, aunque permanezca toda la vida dentro del cuerpo del atleta.

El investigador que tampoco controla la cancha

La Resolución del Senado 586 fue presentada por el senador Eliezer Molina para investigar los criterios de selección, los reglamentos, las apelaciones, posibles conflictos de interés, auditorías y el uso de fondos públicos dentro del COPUR y las federaciones.

Sin embargo, Eliezer no preside la comisión que investiga su propia resolución. La preside el senador Rafael “Rafy” Santos Ortiz.

Eso no demuestra que alguien intentara silenciarlo. El autor de una medida no adquiere automáticamente la presidencia de la comisión que la evalúa.

Pero la escena revela nuevamente la arquitectura.

El legislador que abrió el expediente depende de otro legislador para recibir tiempo dentro del procedimiento. Puede originar la investigación sin controlar completamente el espacio donde se investiga.

Máxima:

El podio sostenido desde abajo

J. J. Barea vio las canchas treinta años después.

Yo recordé los combates arbitrados, las dietas que no existían y las oportunidades administradas desde arriba. Los padres continúan comprando equipo, viajes y entrenamiento. Las federaciones continúan controlando el acceso.

El COPUR continúa administrando la representación. El DRD continúa distribuyendo responsabilidades entre agencias, municipios y comunidades.

Y el atleta continúa entrenando.

Cancha deteriorada

Compite con recursos incompletos. Viaja mediante sacrificios familiares.

Y cuando finalmente sube al podio, toda la estructura aparece junto a él. Pero la medalla no comenzó en la ceremonia.

Máxima final:


— Malvin El Poeta

El Universo del Centro

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