Salcedo, la distancia institucional y el instante en que una conciencia sometida se atrevió a verificar el poder
Axioma:
- Cuando el servido no puede examinar el poder, la distancia convierte la superioridad técnica de la institución en autoridad moral, humana y hasta divina. La resistencia comienza cuando el servido se atreve a someter esa autoridad a prueba.
El hombre que parecía más que hombre
En algún momento cercano a la rebelión taína de 1511, el cacique Urayoán ordenó que el español Diego Salcedo fuera ahogado en el río Guaroabo, hoy río Grande de Añasco.
Según el relato transmitido por los cronistas, algunos taínos pensaban que los españoles podían ser inmortales. Salcedo fue sometido a una prueba definitiva: si regresaba a la vida, pertenecía a un orden superior; si permanecía muerto, era un hombre.
Salcedo no regresó.
Aquel cuerpo vencido por el agua no demostró solamente la mortalidad de un español. Destruyó la distancia que había permitido imaginarlo como algo más que humano.
El expediente histórico sobre la rebelión taína advierte que la creencia generalizada en la inmortalidad de los españoles pudo haber sido magnificada por el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo. No puedo afirmar que todo el pueblo taíno compartiera la misma interpretación ni que la conservara uniformemente durante años.
Pero el relato guarda una verdad filosófica:
- El poder parece divino mientras nadie puede acercarse lo suficiente para examinarlo.
Salcedo murió como mueren los hombres. Con su muerte también comenzó a ahogarse la apariencia de divinidad que protegía al colonizador.
La distancia entre la institución y el servido
Cristóbal Colón llegó a Puerto Rico en 1493. La conquista española comenzó formalmente en 1508 y la rebelión general taína estalló en 1511.
Entre la primera llegada y la prueba de Salcedo transcurrieron aproximadamente dieciocho años y en ese umbral de tiempo recostado en mi cama fue que nació este razonamiento. Porque no fueron necesariamente dieciocho años de una creencia uniforme en la inmortalidad española. Fueron el arco histórico entre la aparición del extranjero y el momento simbólico en que su superioridad fue sometida a prueba.
- España no llegó únicamente mediante hombres montados en embarcaciones. Llegó como institución.
Dentro de sus barcos viajaban una monarquía, una Iglesia, un sistema jurídico, una lengua escrita, armas, conocimientos de navegación y una estructura económica capaz de convertir el territorio descubierto en posesión de una Corona distante.
Los taínos también poseían organización. Tenían caciques, cacicazgos, agricultura, navegación, espiritualidad, relaciones de parentesco, ceremonias y mecanismos comunitarios de supervivencia. La Biblioteca del Congreso reconoce la complejidad de sus sistemas religiosos, políticos y sociales.
No eran una sociedad vacía esperando ser civilizada.
Tampoco eran primitivos porque no utilizaran la escritura alfabética europea. Su conocimiento permanecía en la palabra, el territorio, la ceremonia, la memoria comunitaria y la adaptación al ambiente.
La diferencia consistía en que una de aquellas civilizaciones llegó con una institución expansionista capaz de documentar, legislar y ejecutar su voluntad.
- La otra conocía profundamente la casa que estaba a punto de perder.
Quien escribe el expediente domina la memoria
El colonizador no solamente ocupó el territorio. También adquirió el poder de producir gran parte del expediente mediante el cual sería recordada la ocupación.
El taíno vivió el acontecimiento. El europeo lo escribió.
- El servido conservó la herida. La institución conservó el archivo.
Por eso, incluso cuando intentamos reconstruir la resistencia taína, tenemos que entrar en documentos escritos por cronistas, funcionarios y conquistadores. En ellos encontramos información indispensable, pero también encontramos la mirada del poder que clasificó al resistente como rebelde, al invasor como fundador y al sometimiento como pacificación
- Esta desigualdad documental produce una segunda conquista.
Primero se domina la tierra. Después se domina el significado de lo ocurrido en ella.
El colonizador puede presentarse como descubridor de un lugar habitado, propietario de una riqueza que no produjo y civilizador de una civilización que ya existía.
Cuando una institución controla las palabras con las que será narrado el servido, puede convertir su violencia en orden y la resistencia del pueblo en desobediencia.
Filosofía en movimiento entra al expediente para reducir esa distancia. No necesita negar el documento; necesita preguntarle quién lo escribió, desde qué posición lo escribió y quién no tuvo la oportunidad de dejar allí su versión.
Cuando el servido comenzó a sostener al colonizador
La Teoría del Servido parte de una inversión.
Toda estructura que administra una sociedad debería existir para servir la vida de quienes dependen de ella. El servido es la persona, el pueblo o la comunidad cuya protección debería constituir la finalidad del sistema.
- Pero la institución puede invertir esa relación.
En Puerto Rico, la ocupación española expropió tierras, alteró los conucos y reorganizó las relaciones de trabajo mediante la encomienda. Hombres, mujeres y niños taínos fueron repartidos para realizar labores de las que se beneficiaban oficiales y colonizadores. La extracción de oro dejó de ser una relación con un elemento de la naturaleza y se convirtió en el propósito económico alrededor del cual comenzó a reorganizarse la vida del territorio.
La institución recién llegada no se adaptó a la supervivencia del servido.
Obligó al servido a sostener la supervivencia de la institución.
El habitante fue convertido en mano de obra. La tierra fue convertida en propiedad. El río fue convertido en depósito de riqueza extraíble. La evangelización pudo ser proclamada como propósito, pero la conciencia de muchos ejecutores transformó el viaje en dominio.
Aquí aparece una de las formas más profundas de colonización: la institución convence al servido de que su sacrificio es necesario para sostener un orden que nunca fue construido para protegerlo.
El servido deja de ser la finalidad del sistema y se convierte en su combustible.
Salcedo y la recuperación de la medida humana
La importancia filosófica de Salcedo no está únicamente en su muerte. Está en la decisión del servido de comprobar.
Hasta ese momento, la distancia protegía la apariencia. Las embarcaciones, las armas, la escritura y la estructura política española podían confundirse con una superioridad esencial.
- Pero la capacidad técnica no determina el valor de una civilización.
Tener mejores armas no convierte a una persona en moralmente superior. Poseer escritura no significa poseer toda la verdad. Construir barcos capaces de cruzar el océano no concede propiedad sobre las comunidades encontradas al otro lado.
Los taínos habían desarrollado conocimientos que permitían la supervivencia dentro de su espacio. Sabían cultivar, navegar, construir, organizar comunidades y reconocer los movimientos de una naturaleza que no contemplaban desde la distancia
Su genialidad no consistía en parecerse a Europa.
Consistía en haber aprendido a vivir en Boriquén.
Cuando el servido comprobó que el colonizador sangraba, respiraba y moría como cualquier otro hombre, recuperó la medida humana con la cual debía juzgarlo.
Salcedo dejó de ser una figura lejana.
- El supuesto dios volvió a ser hombre.
Y cuando el poder vuelve a ser humano, también puede ser cuestionado, resistido y responsabilizado.
La resistencia que regresa al río
Aquella conciencia territorial no desapareció completamente.
La vemos cuando jóvenes puertorriqueños entran a los ríos para extraer plecos que alteran los ecosistemas. La vemos en quienes bucean para capturar el pez león, especie invasora que amenaza peces nativos y arrecifes del Caribe. La vemos en quienes recogen basura en las playas, investigan descargas contaminantes y vigilan espacios que deberían ser protegidos por estructuras con mayores recursos.
No significa que toda acción ambiental contemporánea sea automáticamente taína. Tampoco que podamos reconstruir intacta una conciencia de hace cinco siglos.
Significa que puede permanecer una continuidad civilizatoria: la conciencia de quien no contempla el territorio como una propiedad distante, sino como una casa cuya herida también lo hiere.
- La estructura vuelve a aparecer.
Algo invade. El ecosistema servido recibe el daño. La institución reacciona tarde, fragmentariamente o desde un escritorio. Entonces, una persona entra al agua y comienza a retirar, uno por uno, los elementos que amenazan la continuidad de la vida.
No podemos llamar especie invasora al puertorriqueño que arroja basura. La persona no es la invasión.
La conducta extractiva, indiferente y destructiva es la que reproduce la conciencia colonizadora.
Del mismo modo, quien recoge esa basura no realiza solamente una limpieza. Rechaza la idea de que el territorio existe para recibir aquello que la sociedad ya no quiere mirar.
Salcedo regresa simbólicamente al río cada vez que el servido deja de aceptar la realidad que otro le impuso y comienza a examinarla con sus propias manos.
El Salcedo de cada época
Cada época construye sus propias distancias.
Hubo un tiempo en que la embarcación, la armadura y la escritura hicieron que el colonizador pareciera superior. Después fueron los grandes edificios gubernamentales, el lenguaje jurídico, los archivos cerrados y las instituciones que nadie podía interrogar.
Hoy, un algoritmo puede responder en segundos, recorrer miles de documentos y expresarse con una seguridad que parece conocimiento absoluto.
Ahí puede nacer una nueva divinización.
No porque la inteligencia artificial sea una divinidad, sino porque el servido puede colocarla a una distancia desde la cual ya no se atreva a examinarla, corregirla ni contradecirla.
La pregunta de Urayoán continúa vigente:
- ¿Es realmente superior o todavía no la hemos sometido a prueba?
La inteligencia artificial puede ayudarnos a abrir expedientes que antes permanecían cerrados. Puede reducir la distancia entre el ciudadano y la evidencia. Pero también puede convertirse en otra voz institucional que el servido obedezca sin comprender.
Por eso necesitamos el principio de Salcedo.
No para destruir toda herramienta ni para ahogar simbólicamente todo progreso, sino para devolver cada poder a su medida.
- La embarcación es una herramienta.
- La institución es una herramienta.
- La inteligencia artificial es una herramienta.
Ninguna debe ocupar el lugar de la conciencia a la que corresponde decidir para qué será utilizada.
Salcedo no representa solamente la muerte de un colonizador. Representa el instante en que el servido dejó de mirar el poder desde abajo y comenzó a examinarlo.
Desde entonces, cada institución que pretenda parecer divina tendrá que enfrentarse a la misma pregunta:
- ¿qué queda de su poder cuando el servido se atreve a comprobarlo?
Y con este razonamiento gano esta Máxima:
- El poder parece divino mientras el servido solo puede contemplarlo desde la distancia; vuelve a su medida humana cuando el servido se atreve a comprobarlo.
— Malvin El Poeta
El Universo del Centro




