Axioma:

Una conversación con mi hijo

Mi hijo, Malvin Jayel, está comenzando a incursionar en la actuación. Mientras hablábamos sobre este nuevo camino, le ofrecí un consejo que, aunque inicialmente pudiera parecer extraño, contiene una convicción que llevo conmigo desde hace mucho tiempo:

—No trates solamente de imitar al personaje. Permite que el personaje se convierta en ti y llévalo desde lo que tú eres.

La actuación exige transformación.

El actor debe entrar en una vida distinta, comprender motivaciones que quizá no comparte y reaccionar ante circunstancias que nunca ha experimentado. Pero transformarse no significa desaparecer.

El personaje escrito todavía está incompleto: tiene palabras, historia y conflictos, pero necesita encontrarse con un ser humano que le preste cuerpo, memoria, sensibilidad y verdad.

  • El guion entrega las palabras; el actor les entrega una vida.

Aquiles también tenía el rostro de Brad Pitt

Le mencioné a Brad Pitt interpretando a Aquiles en Troy⁠.

Cuando lo observamos, vemos al guerrero de la mitología: su orgullo, su fuerza, su vulnerabilidad y su conciencia de la muerte. Pero también vemos a Brad Pitt. Reconocemos su presencia, su manera de mirar, su movimiento y ese magnetismo que lo acompaña de una película a otra.

En Mr. & Mrs. Smith⁠ interpreta a un personaje completamente diferente. Ya no es el guerrero antiguo, sino un hombre atrapado entre el matrimonio, el engaño y una vida secreta. Sin embargo, nuevamente vemos al personaje y al actor coexistiendo.

Eso no significa que Pitt interprete siempre al mismo hombre. Significa que posee una firma interpretativa. No entrega una imitación genérica de cómo debería comportarse un guerrero o un espía. Lleva cada personaje hacia un lugar que solamente puede existir a través de él.

Benicio del Toro y la cultura que no necesita anunciarse

Benicio del Toro ofrece un ejemplo todavía más cercano.

Su identidad puertorriqueña no necesita aparecer siempre mediante una bandera, una consigna o un acento exagerado. Está presente en su relación con el silencio, en la mirada, en el peso de su cuerpo y en la manera de habitar la ambigüedad.

Cuando recibió el Oscar como mejor actor de reparto por ⁠Traffic⁠, la Academia no creó su valor. Reconoció una presencia artística que ya existía.

Benicio puede interpretar personajes de distintos orígenes sin convertirse en una figura vacía o genérica. Sigue siendo él, no porque se niegue a transformarse, sino porque toda transformación verdadera necesita partir de algún lugar.

La cultura más profunda no siempre se anuncia. A veces puede reconocerse desde lejos en la manera de ocupar un silencio.

La identidad no es una excusa para la chapucería

La reflexión que despertó este ensayo nació al leer una noticia de CNN en Español⁠ sobre el reconocimiento obtenido por el espectáculo de Bad Bunny en el Super Bowl.

Bad Bunny llevó la cultura puertorriqueña al espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX⁠ sin convertirse metafóricamente en inglés para parecerse a Elton John. Llegó como Benito, hablando desde su idioma, su memoria y su pueblo. Pero aquello no fue una improvisación sostenida únicamente por una bandera.

Hubo dirección, música, coreografía, sonido, iluminación y cámaras trabajando con extraordinaria precisión. La producción recibió siete premios Emmy⁠, incluido el de mejor especial de variedades en vivo. El propio Benito fue reconocido como productor e intérprete de la producción ganadora.

La Academia de Televisión no premió solamente los símbolos puertorriqueños.

Metafóricamente, Benito nunca dejó de trabajar en el supermercado. Cambió el tamaño del escenario, pero no abandonó al muchacho puertorriqueño que aprendió a llegar, trabajar y respetar su oficio.

La identidad aporta la verdad; la técnica consigue que esa verdad pueda comunicarse.

El consejo que realmente le estaba dando

Cuando hablé con Malvin Jayel, no le estaba ofreciendo solamente una recomendación sobre actuación.

Le corresponde estudiar a los grandes actores, aprender sus métodos, aceptar dirección y comprender profundamente cada personaje. Pero no debe convertirse en una copia de Brad Pitt, Benicio del Toro ni ningún otro artista.

Un director no necesita recibir otra imitación de aquello que ya existe.

Necesita descubrir lo que solamente Malvin Jayel puede aportar.

El buen actor entra en el personaje.

El gran actor permite que el personaje también entre en él. Ambos se transforman durante el encuentro.

El personaje que todos representamos

Esta enseñanza no pertenece exclusivamente a la actuación.

Todos interpretamos distintos papeles: somos hijos, padres, trabajadores, empresarios, artistas, creyentes o ciudadanos. Cada espacio nos exige adaptación, pero adaptarnos no debería obligarnos a borrar nuestra procedencia.

Podemos aprender nuevos códigos sin renunciar a nuestra voz. Podemos entrar en escenarios desconocidos sin abandonar el lugar desde donde comenzamos. El éxito verdadero no sustituye la identidad: la desarrolla hasta convertirla en una aportación para los demás.

Por eso le dije a mi hijo que no entrara en la actuación buscando desaparecer.

Que se preparara, estudiara y aprendiera a transformarse, pero que al habitar un personaje no le entregara una imitación.

Porque el personaje podrá haber sido escrito por otra persona, pero nadie podrá vivirlo exactamente desde el lugar donde él existe.


— Malvin El Poeta

El Universo del Centro

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