El 11-S, la información que no bajó de la torre y el servido que permaneció debajo

Axioma:

Videos inéditos del ataque a las Torres Gemelas

El día en que el ataque llegó hasta Río Grande

Yo tenía veinte años y trabajaba con Professional Pool en la construcción de una piscina en Río Grande. El dueño de la casa llegó nervioso y nos preguntó si sabíamos lo que estaba ocurriendo. Dijo que estaban atacando a Estados Unidos, que un avión se había estrellado contra una de las Torres Gemelas y que los bomberos estaban entrando. Me paralicé. Lo primero que salió de mí fue una súplica:

<< Sálvate, salvador, porque el edificio te va a caer encima >>

No conocía los cálculos estructurales del rascacielos. Pensé en seres humanos entrando a un edificio herido y comprendí que quien subía para salvar también podía necesitar que alguien lo salvara. Después llegaron las demás imágenes y el derrumbe. El ataque ocurrió a miles de kilómetros, pero el miedo llegó hasta aquella piscina en Puerto Rico. Por primera vez me pregunté cómo una organización terrorista había penetrado la nación que yo creía impenetrable.

La nación que poseía las piezas

El 11 de septiembre de 2001, diecinueve miembros de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales.

Dos fueron estrellados contra las Torres Gemelas, uno contra el Pentágono y el cuarto cayó en Pensilvania después de que sus pasajeros intentaran recuperar el control.

Murieron 2,977 personas: 2,753 en Nueva York, 184 en el Pentágono y 40 en el Vuelo 93. Esas cifras y la secuencia básica están recogidas por el National September 11 Memorial & Museum.

El ataque no ocurrió porque Estados Unidos careciera completamente de información.

La investigación posterior encontró nombres, viajes y advertencias distribuidos entre agencias diferentes. Nawaf al-Hazmi y Khalid al-Mihdhar, dos futuros secuestradores, habían utilizado sus nombres verdaderos dentro de Estados Unidos. No fueron añadidos a la lista de vigilancia hasta el 24 de agosto de 2001.

La Comisión Nacional del 11-S describió fallas de imaginación, política, capacidades y administración. Su comparación más penetrante fue institucional: las agencias se parecían a un grupo de especialistas de un hospital, cada uno ordenando pruebas y atendiendo síntomas, pero sin un médico responsable de hacerlos trabajar como un solo equipo.

El sistema poseía piezas de conocimiento; nadie respondía por convertirlas en una sola mirada protectora.

Y aquí gano mi primera Máxima:

La información que no bajó de la torre

La fragmentación no terminó cuando comenzó el ataque.

Dentro de Nueva York, los puestos de mando de Bomberos, Policía y otras entidades estaban separados.

La Comisión determinó que información crítica observada desde helicópteros de la Policía no llegó adecuadamente a los jefes del Departamento de Bomberos. A las 9:51 de la mañana, un piloto advirtió que grandes partes de la Torre Sur parecían próximas a caer y podían representar un peligro para quienes estaban debajo.

El expediente no dice que aquel helicóptero predijera categóricamente el colapso.

Imagen pictórica de los bomberos ascendiendo

Dice algo institucionalmente más importante: los jefes de Bomberos habrían decidido con mejor información si hubieran podido comunicarse con quienes observaban desde el aire. Incluso después de caer la Torre Sur, el conocimiento existente dentro del Departamento de Bomberos no fue distribuido eficazmente entre su personal.

Mientras yo pensaba desde Río Grande en los bomberos que entraban, una parte del sistema podía mirar desde arriba el deterioro del edificio, pero no conseguía llevar esa observación hasta quienes ascendían.

Máxima:

La montaña que no se cerró

La misma arquitectura volvió a aparecer después del ataque.

En diciembre de 2001, la inteligencia situaba a Osama bin Laden en Tora Bora, una región de cuevas y túneles dentro de las Montañas Blancas de Afganistán.

Sin embargo, la operación dependió considerablemente de milicias afganas y de fuerzas pakistaníes para cerrar sus rutas de escape.

Un informe posterior del Senado concluyó que bin Laden salió de Tora Bora alrededor del 16 de diciembre y desapareció en Pakistán.

Tora Bora Revisited convirtió aquella fuga en una pregunta sobre mando, despliegue y responsabilidad.

Fotografías oficiales demuestran que el gobierno estadounidense conocía el Zhawar Kili Support Complex y el campamento Zhawar Kili Al-Badr desde antes del 11-S. Ese nombre entraría posteriormente en mi propia historia.

La recompensa que guardé en el corazón

Después del ataque, el Departamento de Estado elevó a $25 millones la recompensa por información que condujera a la captura de bin Laden.

Cuando vi aquel anuncio, lo guardé en mi corazón.

Los videos de Al Qaeda me producían temor y algunas noches casi no podía dormir. Oraba para que lo encontraran, pero también pensaba que los dones y herramientas que Dios concede para discernir podían alcanzar lugares a los cuales mis ojos no podían llegar.

Yo ya había vivido una experiencia que marcó mi manera de entender ese discernimiento. Durante un viaje misionero a República Dominicana, el hijo de nuestro chofer fue secuestrado. Nos reunimos a orar y entendí que debía comunicarle una dirección. Él acudió con la Policía y encontró allí a su hijo. No presento este recuerdo como experimento científico ni como una facultad propia. Explica por qué tomé seriamente lo que experimenté después.

Durante un retiro del ministerio MINUM en Bayamón, en algún momento entre 2002 y 2006, vi a bin Laden operando desde una zona de cuevas y comprendí el nombre Zhawar Kili. Compartí la experiencia con una persona de confianza dentro del ministerio.

Entendimos que el Estado difícilmente trataría una percepción espiritual como información verificable y no acudí a ninguna autoridad.

Años después encontré una fotografía oficial del complejo y reconocí el lugar que había visto. El documento no puede probar mi experiencia, pero sí demuestra que el nombre correspondía a un lugar real asociado con infraestructura terrorista. Mi testimonio y el expediente llegan juntos hasta ese punto. Después deben detenerse, porque ninguno tiene derecho a ocupar el lugar del otro.

Y aquí gano mi segunda máxima:

Cuando los fragmentos encontraron un mando

Bin Laden permaneció fugitivo durante casi diez años.

Osama Bin Laden

Poco después de asumir la presidencia, Barack Obama ordenó convertir su captura o muerte en una prioridad principal de la lucha contra Al Qaeda.

En agosto de 2010 recibió información sobre un posible escondite. Durante meses, la inteligencia fue examinada y discutida en reuniones sucesivas del Consejo de Seguridad Nacional hasta que Obama autorizó la operación el 29 de abril de 2011.

La secuencia está recogida en la declaración presidencial y en el informe ofrecido por funcionarios de la Casa Blanca.

Durante la madrugada del 2 de mayo en Pakistán, todavía 1 de mayo en Estados Unidos, una unidad estadounidense entró al complejo residencial de Abbottabad y mató a bin Laden.

Esta vez, distintos fragmentos de inteligencia encontraron un recorrido, un mando y una decisión operacional.

Cuando escuché la noticia sentí una paz profunda.

La operación no devolvió las vidas ni borró los años de miedo. Pero el joven paralizado frente a una piscina en Río Grande supo finalmente que el hombre que encarnaba aquel terror ya no podía continuar dirigiéndolo.

El servido que todavía recuerda

El sistema puede enumerar investigaciones, reformas, guerras, recompensas y operaciones.

El servido recuerda que la estructura creada para protegerlo también podía perder información entre sus propias paredes.

Yo tenía veinte años cuando dije: << Sálvate, salvador >>.

Veinticinco años después comprendo que aquella frase no pertenecía solamente al bombero que entraba en la torre.

Era una pregunta dirigida a toda institución que posee información, autoridad y recursos, pero no consigue reunirlos antes de que el servido quede debajo de sus fragmentos:

  • ¿Quién protegía al que subía a salvarnos cuando la información capaz de protegerlo no podía bajar hasta él?

-Malvin El Poeta

El Universo del Centro


Algunas de mis obras publicadas

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