Entre la disminución de lo artificial y la exaltación de la superinteligencia, el Centro Consciente propone nombrarla por su resultado.

Axioma:

Durante su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Donald Trump propuso dejar de llamar artificial intelligence a la tecnología que está transformando el mundo. Según explicó, la palabra artificial la hace parecer falsa, cuando sus capacidades y efectos son reales. En su lugar, propuso llamarla super intelligence: superinteligencia.

  • La expresión me impresionó mucho y por supuesto provocó reacciones inmediatas.

Para algunos fue otra exageración de Trump; para otros, una estrategia de posicionamiento tecnológico frente a China. Pero reducir la propuesta a una ocurrencia sería perder una discusión más profunda: el nombre de una herramienta también determina cómo las personas se relacionan con ella.

Nombrar también es gobernar

Trump conoce el poder político de los nombres.

Impulsó el uso de “Departamento de Guerra” en lugar de “Departamento de Defensa” y sustituyó, dentro de la nomenclatura oficial estadounidense, “Golfo de México” por “Golfo de América”.

Estos cambios no son simples preferencias lingüísticas. “Defensa” comunica protección y contención; “guerra” proyecta fuerza, ofensiva y disposición para combatir. “Golfo de América” no altera la geografía, pero intenta alterar la percepción de pertenencia, centralidad y poder.

El nombre no transforma físicamente la realidad, pero reorganiza simbólicamente la relación de una nación con ella.

Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial. Trump no propone únicamente sustituir dos palabras. Procura elevar su significado público, convertirla en emblema de poder nacional y colocar a Estados Unidos al frente de una nueva revolución tecnológica.

La sospecha escondida en “artificial”

Desde el lenguaje técnico, artificial significa producido mediante intervención humana.

Sin embargo, el servido no recibe las palabras únicamente desde el diccionario. Las recibe desde su experiencia cultural.

En el lenguaje cotidiano, artificial también puede significar falso, plástico, imitación o carente de autenticidad. Esa asociación influye en la manera en que muchas personas juzgan la herramienta antes de examinar sus resultados.

Durante la investigación cameral sobre el contrato de generación temporera en Puerto Rico, el presidente de la comisión preguntó a Osvaldo Carlo si un documento lo había preparado él o la inteligencia artificial. Cuando se reconoció la participación de la herramienta, surgió inmediatamente la advertencia: “Usted sabe que la inteligencia artificial puede equivocarse”.

La advertencia es correcta.

La inteligencia artificial puede equivocarse. Pero también pueden equivocarse un abogado, un consultor, un funcionario, un informe y una comisión legislativa.

La posibilidad de error no debe utilizarse para descalificar automáticamente la herramienta. Debe activar un método de verificación. La pregunta institucional no puede limitarse a quién produjo inicialmente una respuesta. Debe examinar qué documentos la sostienen, cómo se verificó, qué errores fueron corregidos y quién responde por presentarla.

El peligro de pasar de menos a demasiado

Si artificial puede disminuir injustamente la herramienta, superinteligencia puede elevarla más allá de lo demostrado.

La palabra “super” no describe únicamente capacidad; establece jerarquía. Puede inducir al servido a pensar que se encuentra ante una inteligencia superior, infalible o destinada a reemplazar su propio juicio.

Además, dentro de una competencia geopolítica, el nombre puede transformarse en propaganda: Estados Unidos presentándose como dueño de la “superinteligencia”, mientras China queda asociada a una inteligencia meramente “artificial”.

Esa narrativa puede ser eficaz políticamente, pero no necesariamente es verdadera. Estados Unidos no necesita disminuir a China para defender sus intereses, ni reconocer los avances chinos exige convertir su sistema político en modelo para Occidente. China es China y Estados Unidos es Estados Unidos. Ambos pertenecen a la humanidad, pero cada pueblo conserva su historia, sus valores y su responsabilidad.

Máxima:

La ventaja no se pierde por culpa de la herramienta

La inteligencia artificial no le arrebata la ventaja a quien decide no utilizarla.

Quien permanece dentro de un modelo rudimentario pierde capacidad operacional frente a quien aprende a incorporarla responsablemente.

El Salvador, bajo la administración de Nayib Bukele, comenzó a integrar tutores de inteligencia artificial en su sistema educativo. La propuesta busca personalizar el aprendizaje, colaborar con los maestros y permitir que los estudiantes crezcan utilizando una herramienta que formará parte del mundo en el que tendrán que trabajar.

El estudiante no conocerá primero la prohibición y después la tecnología. Aprenderá a relacionarse con ella mientras desarrolla su propio pensamiento.

Eso no elimina la necesidad de maestros, controles, protección de datos ni medición de resultados. Tampoco garantiza automáticamente economía o eficiencia.

Pero reconoce una verdad: una escuela que prepara al estudiante exclusivamente para el mundo anterior puede estar educándolo para una realidad que ya dejó de existir.

Un país puede comprar computadoras, plataformas y adiestramientos y continuar operando dentro de una cultura que considera la inteligencia artificial una trampa.

Inteligencia ampliada

Entre la disminución de lo “artificial” y la exaltación de lo “super” existe un nombre más preciso: inteligencia ampliada.

No afirma que la herramienta sea falsa ni que sea superior al ser humano. Reconoce que una persona, un estudiante, un maestro o una institución puede alcanzar, comparar, organizar y comprender más información mediante una relación correctamente gobernada con ella.

El nombre no celebra exclusivamente a la máquina.

La inteligencia ampliada conserva la necesidad de verificar, medir y responder. No exige obediencia ni justifica desprecio. Le concede a la herramienta la posición que ha ganado, pero no le entrega un trono que todavía no le corresponde.

Trump abrió una discusión necesaria ante las Naciones Unidas: el nombre actual puede limitar la percepción pública de una tecnología real y poderosa. Pero la respuesta no tiene que quedar atrapada entre una inteligencia presentada como falsa y otra proclamada prematuramente como superior.

Máxima:


— Malvin El Poeta

El Universo del Centro

Más de mis Obras


3 Responses

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *